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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo Vil

3 Como el señorío de Ocotelolco se fundó hacia 1385, si suponemos que Te- yohualminqui gobernó hasta 1400, pues aquí no nos dice el autor la duración de su gobierno, con los cincuenta años del de Acatentehua, habremos llegado poco más ó menos al 1450. Esto nos va á servir para dilucidar un punto histórico importante, que he venido estudiando y esclareciendo en varios trabajos an- teriores.

Ixtlilxochitl pretende, y la mayor parte de los cronistas posteriores lo han seguido, que á la muerte de Chimalpopoca, en México, Nezahualcoyotl huyó á Tlaxcalla, y que de allí volvió á poco con un numeroso ejército de tlaxcalte- cas, con el cual recobró primero su señorío de Texcoco, y después fué á Méxi- co para ayudar á Itzcoatl con estos aliados á vencer al ejército tepaneca, y des- truir á Azcaputzalco y á su señor Maxtla.

Ya habíamos notado, que los cronistas mexicanos no hablaban de este auxi- lio, y que por el contrario, el Códice Mendocino pone en sus jeroglíficos á Tex- coco, entre las conquistas de Itzcoatl. El silencio de Muñoz Camargo sobre estos hechos, prueba la falsedad del relato de Ixtlilxochitl, pues á ser cierto, no habría pasado por alto el auxilio de los tlaxcaltecas á los mexicanos en gue- de más edad, vino á ser tan gran tirano y soberbio, que la gen- te plebeya no podía sufrir más sus tiranías.

Conocido el disgusto de ésta por Tlacomihua, Señor del ba- rrio de Ocotelolco, indujo ansí con mañas y negociaciones mu- chas gentes y ála mayor parte délas parcialidades, á que cons- piraran contra Aeantetehua su Príncipe, Señor y primer rey, é que para ello les daría favor é ayuda. Tanto pudieron las pa- labras de adulación con que les habló, y tanta fuerza tuvo la voz universal del pueblo, que viendo tan buena ocasión no quisie- ron dilatar su conjuración comenzada. Alterados todos, y pues- tos en armas, sin saberse entre los allegados, deudos y parien- tes de un tan gran Príncipe y Señor, fueron á su casa con mano armada, y con voz de libertad le dieron de macanazos, ejecu- tando su tiránica y alevosa ambición hasta que le acabaron.

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