diciéndole Que ellos estaban tan confusos y admirados de cosa tan mal hecha, que si en sus cos- tumbres y leyes de guerra hallaban que tenían pena de muerte los que en semejantes tiempos dejaban á sus capitanes, que la misma ley era la suya, y aun más rigurosa, y que por tanto que allá se lo enviaban preso, que él hiciera lo que más le convenía según costumbre de guerra, y mandase ejecutar la justicia en él para que le fuese castigo, y á los demás ejemplo; y esta sen- tencia final dió Maxixcatzin, porque en efecto lo tenía por de mal pecho y por traidor, porque cuando vino desbaratado Cor- tés de México, y enviando los príncipes Mexicanos á las cuatro cabeceras y Universidad de Tlaxcalla diciéndoles que acabasen de matar á los cristianos, y que no consintiesen gente tan ex- traña y belicosa entre ellos, porque les venían á tiranizar y su- jetar su monarquía, y á usurpársela debajo de engaño, con de- cir que eran caminantes y que iban de pasada á otras tierras, que mirasen lo que hacían, y que si les acabasen de matar ellos partirían la mitad del Imperio con Tlaxcalla y que habría paz perpetua entre ellos; y entrando en consulta, siempre Maxix- catzin fué de contrario parecer, y éste Xicotencatl Ayacatzin 1 estuvo en que se hiciese y concediese lo que los Mexicanos pe- dían; de lo cual, enojado Maxixcatzin, le dió de rempujones y hizo venir rodando por unas gradas abajo, diciéndole palabras 1 Axayacatzin; manuscrito de Panes.—K.
de gran vituperio y teniéndole guardada ésta; y viendo su mal respeto en haberse vuelto de la guerra, fué de parecer que mu- riese, y ansí preso y á buen recado de consentimiento de su pa- dre Xicotencatl, que aún no era muerto: y aunque decimos que le había sucedido en el gobierno este Axayacatzin, es porque le tenía por coadjutor y por estar tan imposibilitado como estaba, gobernaba por el padre. Cortés tuvo en mucho negocio tan ar- duo é importante caso, porque ansí convenía; y como los de Tlaxcalla sus leales amigos concedieron con su voluntad, y vista tan buena ocasión para hacerse temer, le mandó ahorcar en la ciudad de Tetzcuco á vista de todo el campo y Señores de aquel reyno, y no puso poco espanto tan gran atrevimiento, en tierras tan remotas