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CAPÍTULO V — GOBIERNO Y LEY

¿Ha de suponerse, por ejemplo, que Napoleón, de haber nacido en una comunidad como la que Kropotkin defiende, se habría sometido mansamente a un mundo donde su genio no pudiera encontrar campo de acción? No alcanzo a ver qué impediría que una combinación de hombres ambiciosos se organizara en un ejército privado, fabricara sus propias municiones y terminara esclavizando a los ciudadanos indefensos, que habían confiado en el atractivo inherente de la libertad. No sería coherente con los principios del anarquismo que la comunidad interfiriera en el entrenamiento de un ejército privado, sin importar cuáles fueran sus objetivos (aunque, por supuesto, hombres con opiniones distintas podrían formar un ejército privado opuesto). De hecho, Kropotkin pone el ejemplo de los antiguos voluntarios en Gran Bretaña como muestra de un movimiento de corte anarquista.52

Aun si no se formara un ejército depredador desde dentro, podría surgir fácilmente de una nación vecina, o de razas en las fronteras de la civilización. Mientras exista el amor por el poder, no veo cómo se puede evitar que encuentre una vía de escape en la opresión, excepto mediante la fuerza organizada de la comunidad.

La conclusión que parece imponérsenos es que el ideal anarquista de una comunidad en la que ningún acto esté prohibido por la ley no es, al menos por el momento, compatible con la estabilidad del tipo de mundo que los anarquistas desean. Con el fin de obtener y preservar un mundo que se parezca lo más posible a aquel al que aspiran, seguirá siendo necesario que algunos actos estén prohibidos por la ley. Podemos agrupar los principales de estos bajo tres encabezados:

  1. Robo.
  1. Delitos de violencia.
  1. La creación de organizaciones destinadas a subvertir el régimen anarquista por la fuerza.
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