El socialismo y el anarquismo, en su forma moderna, surgen respectivamente de dos protagonistas, Marx y Bakunin, que libraron una batalla de toda la vida, culminando en una escisión en la primera Internacional. Comenzaremos nuestro estudio con estos dos hombres: primero sus enseñanzas y después las organizaciones que fundaron o inspiraron. Esto nos conducirá a la difusión del socialismo en años más recientes, y de ahí a la revuelta sindicalista contra el énfasis socialista en el Estado y la acción política, y a ciertos movimientos fuera de Francia que tienen alguna afinidad con el sindicalismo —notablemente los I. W. W. en América y el socialismo de gremios en Inglaterra—. De este estudio histórico pasaremos a la consideración de algunos de los problemas más urgentes del futuro, e intentaremos decidir en qué aspectos el mundo sería más feliz si se alcanzasen los objetivos de los socialistas o de los sindicalistas.
Mi propia opinión —que bien puedo indicar desde el principio— es que el Anarquismo puro, aunque deba ser el ideal último al que la sociedad debe aproximarse continuamente, es por el momento imposible, y no sobreviviría más de uno o dos años como máximo si llegara a adoptarse. Por otra parte, tanto el Socialismo Marxista como el Sindicalismo, a pesar de muchos inconvenientes, me parecen calculados para dar lugar a un mundo más feliz y mejor que aquel en el que vivimos. Sin embargo, no considero que ninguno de ellos sea el mejor sistema practicable. El Socialismo Marxista, mucho me temo, otorgaría demasiado poder al Estado, mientras que el Sindicalismo, que aspira a abolir el Estado, se vería obligado, según creo, a reconstituir una autoridad central con el fin de poner fin a las rivalidades entre los diferentes grupos de productores. El MEJOR sistema practicable, a mi modo de ver, es el del Socialismo de Gremios, el cual concede lo que hay de válido tanto en las reivindicaciones de los socialistas de Estado como en el temor sindicalista