Tales hombres son más afortunados que la masa, y también más importantes para la vida colectiva. Una mayor proporción de la suma general del bien se concentra en ellos que en el hombre y la mujer corrientes; pero también su contribución al bien general es mayor. Destacan entre los hombres y no pueden encajar por completo en el marco de la igualdad democrática. Un sistema social que los volviera improductivos quedaría condenado, cualesquiera que fuesen los otros méritos que pudiera tener.
Lo primero que hay que comprender —aunque resulte difícil en una época comercial— es que lo mejor de la actividad mental creativa no puede ser producido por ningún sistema de recompensas monetarias.
La oportunidad y el estímulo de una atmósfera espiritual vigorizante son importantes, pero, si se presentan, no se requerirán alicientes financieros, mientras que si están ausentes, las compensaciones materiales de nada servirán.
El reconocimiento, incluso si toma la forma de dinero, puede brindarle cierto placer en la vejez al hombre de ciencia que ha luchado toda su vida contra el prejuicio académico, o al artista que ha soportado años de ridículo por no pintar a la manera de sus predecesores; pero no es por la remota esperanza de tales placeres que su obra ha sido inspirada.
Toda la obra más importante brota de un impulso despreocupado, y se promueve mejor, no mediante recompensas posteriores al hecho, sino mediante circunstancias que mantienen vivo el impulso y ofrecen margen para las actividades que este inspira.
En la creación de tales circunstancias, nuestro sistema actual es muy deficiente. ¿Será mejor el socialismo?
No creo que esta pregunta pueda responderse sin especificar la clase de socialismo a la que se alude: algunas formas de socialismo serían, a mi