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Capítulo I. Exposición de los argumentos económicos a favor de la guerra

El Sr. Asquith, en representación del Gobierno británico, admitió que este era el caso, y que «la opinión de este país es casi unánime en su oposición a la barrera racial en el Parlamento de la Unión». Continuó diciendo que «no se debe permitir que la opinión del Gobierno británico y la opinión del pueblo británico conduzcan a ninguna injerencia en una Colonia con autogobierno».

De modo que, tras haber gastado en la conquista del Transvaal una suma mayor que la que Alemania le exigió a Francia al término de la guerra franco-prusiana, ¡Inglaterra ni siquiera tiene el derecho de imponer sus puntos de vista a aquellos cuyos puntos de vista contrarios fueron el casus belli!

Hace un año o dos hubo en Londres una delegación de los indios británicos de Transvaal para señalar que las reglamentaciones allí los privan de los derechos ordinarios de los ciudadanos británicos. El Gobierno británico les informó que, al ser Transvaal una colonia con autogobierno, el Gobierno Imperial no podía hacer nada por ellos.30 Ahora bien, no se olvidará que, en una época en que Gran Bretaña estaba enemistada con Paul Krüger, una de sus mayores reclamaciones era el trato que se daba a los indios británicos. Tras haber conquistado a Krüger y "poseer" ahora su país, ¿actúan los propios británicos tal como intentaban obligar a actuar a Paul Krüger en calidad de gobernante extranjero? No lo hacen. (O más bien el Gobierno responsable de la Colonia, con el cual no se atreven a intervenir, aunque estaban bastante dispuestos a presentar quejas ante Krüger) aplican simple y llanamente sus mismas reglamentaciones. Además, la Mancomunidad Australiana y la Columbia Británica han adoptado desde entonces respecto a los indios británicos la postura que adoptó el presidente Krüger, postura que Inglaterra convirtió casi en un

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