enviaba á mandar que si allí fuésemos que nos hiciesen mucha honra é nos encaminasen á su ciudad, é otras veces les enviaba á decir que ya no era su voluntad que fuésemos á Méjico: é que ahora nuevamente le han aconsejado su Tezcatepuca y su Huichilóbos, en quien ellos tienen gran devocion, que allí en Cholula los matasen, ó llevasen atados á Méjico.
É que habia enviado el dia ántes veinte mil hombres de guerra, y la mitad están aquí dentro de esta ciudad é la otra mitad están cerca de aquí entre unas quebradas, é que ya tienen aviso que os habeis de ir mañana, y de las albarradas que se mandaron hacer y de los dos mil guerreros que os habemos de dar, é cómo tenian ya hechos conciertos que habian de quedar veinte de nosotros para sacrificar á los ídolos de Cholula.
Y sabido todo esto, Cortés les mandó dar mantas muy labradas, y les rogó que no lo dijesen, porque si lo descubrian, que á la vuelta que volviésemos de Méjico los matarian; é que se querian ir muy de mañana, é que hiciesen venir todos los caciques para hablalles, como dicho les tiene; y luego aquella noche tomó consejo Cortés de lo que habiamos de hacer, porque tenia muy extremados varones y de buenos consejos; y como en tales casos suele acaecer, unos decian que seria bien torcer el camino é irnos para Guaxocingo, otros decian que procurásemos haber paz por cualquiera via que pudiésemos, y que nos volviésemos á Tlascala; otros dimos parecer que si aquellas traiciones dejábamos pasar sin castigo, que en cualquiera parte nos tratarian otras peores y pues que estábamos allí en aquel gran pueblo é habia hartos bastimentos, les diésemos guerra, porque más la sentirian en sus casas que no en el campo, y que luego apercibiésemos á los tlascaltecas que se hallasen en ello.
Y á todos pareció bien este postrer acuerdo, y fué desta manera: que ya que les habia dicho Cortés que nos habiamos de partir para otro dia, que hiciésemos que liábamos nuestro hato, que era harto poco, y que unos grandes patios que habia donde posábamos, estaban con altas cercas, que diésemos en los indios de guerra, pues aquello era su merecido, y que con