que parece que le entraban ya algunas buenas razones en el corazon, pues las escuchaba con atencion mejor que al principio. Tambien le daban á entender el gran poder del Emperador nuestro señor, y cómo le daban vasallaje muchos grandes señores que le obedecian, y de léjas tierras; y decíanle otras muchas cosas que él se holgaba de les oir, y otras veces jugaba Cortés con él al totoloque; y él, como no era nada escaso, nos daba cada dia cual joyas de oro ó mantas.
Y dejaré de hablar de ello, y pasaré adelante.