Pero Tlahuicole no estaba contento con las honras que recibía del señor de México, y constantemente lloraba acordándose de sus mujeres. Parecióle co- bardía á Moteczuma, y mandó que se fuese á su tierra. No lo hizo, y enton- ces los mexicas le negaron todo alimento: con lo cual Tlahuicole se despeñó de lo alto del templo de Tlatelolco, y murió.
Como se ve, aquí no se habla del mando de Tlahuicole en la campaña de Michuacán, ni de su muerte en el sacrificio gladiatorio.
En cambio Tezozomoc nos da la noticia de que Tlahuicole era otomí: lo cual explica por qué el Sr. Eamírez no encontraba la etimología de su nombre en la lengua náhuatl.
barón los dos en su cautiverio. Idos al sacrificio el desven- turado Tlahuicole fué atado en la rueda del sacrificio con mu- cha solemnidad, según sus ceremonias; peleando mató más de ocho hombres y hirió más de otros veinte antes que le acaba- sen de matar, y al fin, al punto que le derribaron le llevaron ante Huizilopuhtli, 1 y allí le sacrificaron y sacaron el corazón, ofreciéndoselo al demonio como lo tenían de costumbre; y este fué el fin del miserable Tlahuicole de Tlaxcalla, el cual no fué de los muy principales, sino un pobre hidalgo que por sola su valentía y persona había tenido valor, y si no fuera preso llega- ra á ser muy gran Señor en esta provincia.
1 Huitziloputchtli en la impresión de 1871. El verdadero nombre es Hui- tzilopochtli.