tuvieron semana mayor y semana menor 2 por su cuenta y re- glas: tenían sus fiestas repartidas por todo el año; y de las ce- remonias que en cada fiesta se hacían, usaban de adivinanzas y suertes, y creían en sueños, prodigios y agüeros, porque el demonio se los hacía creer, y les cumplía muchas cosas de las que soñaban. Ansimismo tomaban cosas y las comían y bebían para con ellas adivinar, con que se adormecían y perdían el sentido, y con ellas veían visiones espantables, y visiblemente al demonio con estas cosas que tomaban, que la una cosa se llamaba Peyotl, y otra yerba que se llama Tlapatl y otro grano que llaman Mixitl, y la carne de un pájaro que llaman Pito en nuestra lengua, ellos lo llaman Oconenetl, que comida la carne de este pájaro, provoca á ver todas estas visiones. La misma propiedad tiene un hongo pequeño y sancudo que llaman los naturales Nanacatl. De estas cosas usaban más los Señores que chosa. No pudiendo entrar en la mente de los primeros mexicanos cristianos, que las almas de los indios gentiles fueron á otra parte que al infierno, dieron su nombre y destino al Mictlan de los mexicanos. Esta palabra, compuesta de Mic-qui difunto, y de la preposición tlan que, con varias significaciones, sirve para formar los nombres de lugar, denotaba simplemente la estancia ó paradero de los difuntos; y como las ideas vulgares lo situaban hacia el Norte, de aquí procedió que de su nombre se formara el del viento ó rumbo septen- trional.—K.
1 u y diez y ocho lunas, etc.," manuscrito de Panes. La palabra " lunas " es impropia y debe entenderse como equivalente & períodos de á 20 días; pues 18 de estos componían efectivamente uno de 360, que con los 5 intercalares formaban el del año solar.—K.
2 Se refiere probablemente al período de 20 días, equivalente en el calenda- rio mexicano al que en el nuestro llamamos mes, y al período de 13 días en que se distribuían todos los del año, prosiguiéndose sucesivamente hasta el fin del ciclo.—R.
la gente plebeya: dejando aparte los vinos que tenían, que cuan- do se embriagaban, en sus borracheras veían ansimismo gran- des visiones y