pero los señores escogían una especialmente, para que sus hijos heredasen el señorío ó cargo del padre; y á ésta es á la que el autor llama señora.
1 Entre los chichimecas era duramente castigado este delito. (Véase en las Ordenanzas de JNezahualcoyotl, en las Obras de Ixtlilxochitl.)
HISTORIA DE TLAXCALA, 139 # chos méritos lo oviesen ganado, por manera que en el traje que cada uno traía era conocida la calidad de su persona.
Los tributos y pechos que daban eran de aquellas cosas que la tierra producía, oro, plata, cobre, algodón, sal, plumería, re- sinas y otras cosas de precio y valor, maíz, cera, miel y pepitas de calabaza; finalmente, todas aquellas cosas que en cada tie- rra y provincia había, de todas ellas tributaban á sus Señores por los tercios del año, conforme á la longitud de sus tierras:
de seis á seis meses y de año á año traían pescados, conchas marinas aquellos que las alzaban, cacao, pita y frutas de extra- ñas maneras, animalías, fieras, tigres, leones y águilas, lobos, monas, papagayos, diversidad de géneros de animales y aves que no se pueden explicar. El que más pobre era que no te- nía que dar de tributo, tributaba piojos; y esto se usó más en la provincia de Michoacán en el reyno de Gatzonzi, que mandó que ninguno quedase sin pagalle tributo, aunque no tuviese sino piojos; y no fué fábula ni la es, porque en efecto pasaba así. 1 1 Dicho sea con perdón del autor, esta especie tiene todo el aire de una con- seja inventada por la vanidad de contar cosas estupendas, ó sujerida por una observación precipitada y ligera. Quizá en su origen no fué más que un chis- te para hacer reir, por el chasco que se supone causó; formando contraste con el del otro que creyó eran de plata amartillada las casas de una población de Yeracruz. Todo el cuento procede de la relación de Alonso de Ojeda, que ha- biéndose introducido furtivamente