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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo Xvi.

en el tesoro de Motecuhzoma (y no por mera curiosidad), dice "halló en uno de sus aposentos muchos costalejos de á 11 codo llenos y bien atados; y que abriendo uno halló que estaba lleno de piojos:

11 que preguntados Marina y Aguilar lo que quería decir cosa tan nueva, res- " pondieron, que era tan grande la sumisión que al Eey hacían todos, que el " que de muy pobre ó enfermo no podía tributar, estaba obligado á espulgarse " cada día y guardar los piojos para en señal de vasallaje, y que como había " gran número menuda, así había muchos costalejos de piojos, etc." El cronis- ta Herrera que nos ha conservado esta noticia, dice que así la encontró escrita en los memoriales de Ojeda y en los de Alonso de Mata; aunque agrega "hay quien diga que no eran piojos, sino gusanillos." Nada hay que pueda proba- bilizar la relación de Ojeda, á la vez que se presentan en tropel las conjeturas contrarias. Bernal Díaz, escritor eminentemente anedóctico y que abunda en noticias de mucho menor interés, fué uno de los que vió detenidamente el te- • 140 DIEGO MUÑOZ CAMARGO.

soro, y no dice una sola palabra del tal descubrimiento. Tampoco lo menciona Gomara que escribió bajo el dictado de Cortés y de sus compañeros de armas, aunque menciona el caso y hace una menuda relación délos objetos que se tri- butaban al Emperador. Más notable es todavía el silencio del Oidor Zurita, que por orden real escribió una extensa memoria sobre la administración civil de los antiguos mexicanos, de la cual formaba un capítulo especial el sistama tri- butario. Al contrario, advierte que los muy pobres y enfermos estaban exentos de tributos, y Gomar*a dice, que los que no pagaban el que seles imponía eran vendidos como esclavos. La explicación que se pone en boca de Marina y de Aguilar, no tiene valor alguno, porque ni ellos podían estar suficientemente instruidos en la administración política del imperio, siendo poco menos que ex- tranjeros en México, y porque su fundamento es absurdo. El tributo de piojos impuesto á un ocioso es el fomento directo de la ociosidad. ¿Qué vemos hacer todos los días á la

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