multitud de ociosos que pueblan la ciudad? Espulgarse. ¿Y por qué se espulgan? porque están ociosos. Si en esa anécdota hay al- go de verdad, debemos reducirla á los términos de la otra tradición apuntada por Herrera; esto es, al tributo de gusanillos, 6 menuda langosta que crian al- gunos cereales y que también se llama vulgarmente piojo. Quizá se obligaba á los vagos á recoger la que se producía en los campos que se cultivaban, para proveer con su producto á los gastos del G-obierno y del culto; pues es sabido que había terrenos que les estaban especialmente dedicados y que se cultivaban por la comunidad. Aun bajo este supuesto, el más plausible, parecería todavía improbable que tan ruin tributo se conservara depositado en el tesoro del im- perio y del templo, al lado de las joyas de la corona y de los objetos sagrados del culto. Es sabido que estos formaban principalmente el fondo de aquel te- soro.—R.
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Capitulo Xvi.
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