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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo Xvii.

para este cruel é infernal sacrificio, y para cum- plir sus promesas y ofrecer en los templos de los ídolos, como se ofrecen las candelas de cera en nuestras iglesias. Sacábanse sangre de la lengua si habían ofendido con ella hablando, y de los párpados de los ojos por haber mirado, y de los brazos por haber pecado de flojedad, de las piernas, muslos, orejas y na- rices según las culpas en que habían errado y caído, disculpán- dose con el demonio; y al cabo le ofrecían el corazón por lo me- jor de su cuerpo que no tenía otra cosa que le dar, prometiendo de darle tantos corazones de hombres y niños para aplacar la ira de sus dioses, ó para alcanzar ó conseguir otras pretencio- nes que deseaban; y esto les servía de confesión vocal para con el perverso enemigo del género humano.

Ansimismo tenían gran cuenta de criar sus hijos con muy buenas costumbres y doctrina: como los hijos de los Señores tenían ayos que criaban y doctrinaban: tenían sus frases y modo de hablar con los mayores, y éstos con los menores y con sus Herrera que refiere el propio hecho, no lo es en el caso, porque basta leer su narración para reconocer que no hizo más que copiar, con ligeras variantes, este mismo pasaje de Camargo. Las costumbres de los tlaxcaltecas eran idén- ticas alas de los mexicanos, y éstos no comían carne humana ni por necesidad ni por sensualidad, sino únicamento por odio ó por fanatismo, por motivo de religión según dice un antiguo historiador. Podía decirse sin impropiedad que era un odio santificado por su sanguinario culto. La venganza preparaba la carne de los enemigos; la religión presentaba como un objeto sagrado la de las víctimas inmoladas en las aras de los dioses. El dichoso guerrero ó el rico mer- cader, sazonaban en un festín religioso la carne del prisionero de guerra y la del esclavo comprado para ofrenda. Fuera de estos casos no se comía, Nada, por tanto, permite creer en la existencia de carnicerías de carne humana. Véa- se mi nota segunda á la Historia de la Conquista de México por Prescott (edi- ción de Cumplido), donde creo haber demostrado y probado la verdad de esta aserción.—E.

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