que era hermosa y de buena disposición, y puesta entre sus mujeres y encerra- da entre las demás, y habiendo mucho tiempo que en esta re- putación estaba con él, y tratando y conversando con las otras mujeres sus compañeras, comenzó á enamorarse de ellas y á usar del sexo varonil en tanta manera, que con el mucho ejer- cicio vino á empreñar más de veinte mujeres, estando ausente su Señor más de un año fuera de su casa: y como viniese y vie- se á sus mujeres preñadas recibió pena y gran alteración, y pro- curó saber quién había hecho negocio de tamaño atrevimiento en su casa, y entrando las pesquisas se vino á saber que aque- lla mujer compañera de ellas las había empreñado, porque era hombre y mujer; y visto tan gran desconcierto y que la culpa no había sido sino suya, habiéndola él metido entre sus muje- res, parecióle no ser tan culpadas como si ellas le ovieran pro- curado, y ansí las reservó de que muriesen, aunque las casó y repartió repudiándolas, que no fué poco castigo para ellas; mas al miserable hermafrodita lo mandaron sacar en público en un sacrificadero que estaba dedicado al castigo de los malhechores, manifestando la gran traición que había cometido contra su Se- ñor amo y marido, y ansí vivo y desnudo en vivas carnes, le abrieron el costado siniestro con un pedernal muy agudo, y he- rido y abierto le soltaron para que fuese donde quisiese y su ventura le guiase, y de esta manera se fué huyendo y desan- grando por las calles y caminos, y los muchachos le fueron co- rriendo y apedreando más de un cuarto de legua, hasta que el desventurado cayó muerto y las aves del cielo le comieron, y este fué el castigo que se le dió, y ansí después andaba el refrán entre los principales Señores: Guardaos del que empreñó las mu- jeres de Xieotencatl y mirad por vuestras mujeres; si usan de los dos sexos, guardaos de ellas no os empreñen.
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Capitulo Xviii.
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