ro de perros como referido tenemos, sacaban en procesión y andas muy adornadas, y los llevaban á sacrificar á un templo que les tenían dedicado que lo llamaban Xoloteupan; y llegados allí los sacrificaban, y les sacaban los corazones y los ofrecían al dios de las aguas, y cuando volvían de este sacrificio, antes que llegasen al templo mayor llovía y relampagueaba de tal ma- nera, que no podían llegar á sus casas con la mucha agua que llovía, y después de muertos los perros se los comían. Yo me acuerdo que ha menos de treinta años había carnicería de pe- rros en gran muchedumbre, sacrificados y sacados los corazo- nes por el lado izquierdo á manera de sacrificio é dimos noticia de ellos, y orden para que se quitase, y ansí se desarrai- gó este error. Ya dejamos referido cómo tenían otras carnes que comer de cazas y monterías, y de cómo antiguamente ha- bía cantidad de ellas.
Hacían otra ceremonia y superstición infernal y diabólica, y era que cuando prendían algún prisionero en la guerra, prome- tían los que iban á ella que al * primer * prisionero que cauti- vaban le habían de desollar el cuero cerrado, 1 y meterse en él tantos días en servicio de sus ídolos ó del dios de las batallas, el cual rito ó ceremonia llamaban exquinan; y era ansí que de- sollado, cerrado y entero el miserable cautivo, se metía dentro de él el que lo había prendido, y andábase con aquella piel de templo en templo corriendo, y á este tiempo los muchachos y hombres andaban tras este exquinan con gran regocijo á mane- ra de quien corre un toro, hasta que de puro cansado lo deja- ban y huían de él porque no le alcanzase alguno, porque le apo- rreaba de tal manera, que lo dejaba casi muerto, y á veces se 1 Es decir, sin cortarlo á lo largo para extenderlo en la forma común que se da á las pieles, sino conservándole la forma del cuerpo á la manera que se ha- cía durante el frenesí de la revolución de Francia, con las pieles de los guillo- tinados, que después artistas hábiles convertían en calzones inconsútiles para el servicio de los rígidos republicanos. La barbarie normal y la civilización de- generada se dan la mano como hermanas.—R.
juntaban dos ó tres de estos que regocijaban todo el pueblo.