Los pleitos que trataban y contingencias que tenían, se figu- raban 1 de plano por algunos viejos ancianos que estaban para ello diputados en la República.
Ya dejamos referido como la lengua mexicana es la más am- plia que se halla en estas partes, y la más casta y pura, porque no se aprovecha de ninguna extraña, y como las otras extrañas se aprovechan de ella y muchos vocablos. Tenían los natura- les en su antigüedad adagios, proverbios y preguntas á manera de enigmas y adivinanzas muy compuestas en su lengua; ha- blaban en gerigonza: usan de cuentos risueños, son muy gran- des fabuladores, y tienen sus fines y sentidos para doctrinarse y otros muchos entretenimientos.
Entre muchas celebraciones de fiestas que hacían á sus ído- los, celebraban la de Tlaloc á que atribuían ser el dios de las aguas y de los relámpagos, rayos y truenos. Teníanle un sun- tuosísimo templo donde estaba dedicado, y se le celebraban dos fiestas en el año, una llamaban fiesta mayor y la otra fiesta me- nor, á las cuales concurrían muchas gentes, á donde ofrecían gran suma de ofrendas, promesas y devociones que se cumplían, sin los demás crueles y saguinolentos sacrificios de hombres humanos que sacrificaban con crueles cuchillos de pedernales agudísimos y afilados para abrilles aquellos pechos miserables, y arrancalles los vivos corazones con las manos de los rabiosos carniceros y pésimos sacerdotes, los cuales apretaban con en- treambas manos cuanto podían, y se volvían al nacimiento del sol á la parte del Oriente, alzando las manos en alto, y volvién- dose al Poniente haciendo lo mismo y lo propio al mediodía y á la parte del Norte. En todo este tiempo los demás Papas Tla- mazques incensaban con gran reverencia al demonio. Acabado 1 Se definían, manuscrito de Panes.—E.
esto, echaban el corazón en el fuego hasta que se quemaba y consumía. Contábame uno que había sido sacerdote del demo- nio, que después se había convertido á Dios y á su santa fe ca- tólica, y bautizado, conociendo