de seda, y con estas cosas y otras que los mensajeros añadieron pusieron en extraña alteración á toda la República de Tlaxcalla. 2 Ayuntados los cuatro Señores de las * cuatro * cabeceras, y los más principales y demás Caciques, sobre lo que se deter- minaría en este caso, si por ventura matarían á los mensajeros de Cempohuallan, por ser como eran vasallos de Mexicanos, no viniesen de industria con asechanza de parte de los Culhuaques de México, ó si era prodigio ó abusión de alguna mala nueva;
y estando en esta consulta, salió resuelto de que no los matasen, sino que dijesen á aquellas gentes que eran tenidos por dioses, que fuesen bien venidos, que cuando les pareciese venir á su tierra serían bien recibidos: y en este ayuntamiento dijo el gran Xicotencatl á Maxixcatzin, á Citlalpopocatzin y á Hueyolotzin: 3 Ya sabéis, grandes y generosos Señores, si bien os acordáis, cómo tenemos de nuestra antigüedad cómo han de venir gentes de la parte de donde sale el sol, y que han de emparentar con nosotros, y que hemos de ser todos unos, y que han de ser blancos y barbudos, que han de traer celadas en las cabezas por 1 sombreros.—K.
2 No mandó Cortés la carta de Cempoallan. Una vez desembarcado, buscó hábilmente la alianza de los cempoaltecas y demás pueblos del Totonacapan, que se extendían desde la costa hasta cerca de las fronteras de Tlaxcalla, ofre- ciéndoles libertarlos de los tributos que pagaban á Moteczuma.
Conseguida tan importante alianza, marchó rumbo á Tlaxcalla con su ejér- cito: éste se componía de cuatrocientos peones, diez y seis caballos, seis piezas de artillería y mil trescientos totonacas.
Ya cerca de la frontera de Tlaxcalla envió Cortés su embajada á los cuatro señores tlaxcaltecas. (Véase la primera lámina del Lienzo de Tlaxcalla, que representa este suceso).
3 Tlehuexolotzin.