por el contrario, el lugar en que Cortés sostuvo los di- versos combates que le libraron los tlaxcaltecas; si bien allí fué donde concertó la paz con ellos.
mismo le abrazó, mas siempre con gran recato le asió de la mu- ñeca del brazo derecho, 1 y no se consintió apretar el cuerpo; y de esta forma y término lo hizo con Maxixcatzin, Citlalpopoca- tzin y Tlehuexolotzin. Hecha esta ceremonia tan famosa, se fue- ron Xicotencatl, Cortés y Malintzin mano á mano hasta donde habían de ser alojados y aposentados, tratando de su venida y de cómo los venía á visitar y ayudar en lo que se les ofreciese, y á castigar á Mociheuzoma, su capital enemigo, y toda la demás gente de Culhua, que en aquella sazón prevalecía y predomina- ba en toda la máquina de este nuevo orbe, donde era tan te- mido, y adorado y reverenciado como si fuese su dios, teniendo señorío, poder y mando en este tan remoto y apartado Imperio, sobre todas las naciones de estas tan extrañas partes.