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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo Iv.

ñas y cosas de carne y pan; el cual engaño duró muy poco, porque luego entendieron que eran animales irracionales que se sustentaban de yerbas y en el campo, aunque también estu- vieron mucho tiempo en opinión de ser animales fieras que se comían á las gentes, y que por esta causa decían que los hom- bres blancos les echaban frenos en las bocas atrailladas contra ellos. Cuando acaso algún caballo traía ensangrentada la boca, decían que se había comido algún hombre; por manera que sos- pechaban que eran de tanto entendimiento, que los mandaban los dioses para lo que habían de hacer, sin entender el secreto del gobierno del freno y espuelas; y ansí cuando relinchaba un caballo decían que pedía de comer y que se lo diesen luego no se enojase: de esta manera procuraban de tener contentos á los caballos, en darles de comer y de beber muy cumplida- mente.

De estas novedades y casos no vistos, venían gentes foraste- ras y extrañas secretamente á saber lo que pasaba, y qué gen- tes eran éstas que habían venido, de dónde y de qué parte y qué cosas las que traían. Los de Tlaxcalla les decían muchas más cosas de las que pasaban, para ponelles temor y espanto y que publicasen todas estas cosas en toda la tierra, como en efecto se puso, y se decía afirmativamente que los nuestros eran dioses, ó que no había poder humano que pudiese pugnar con- tra ellos, ni quien los pudiese ofender en el mundo ni enója- nos.

Estando pues los nuestros en este buen alojamiento, presen- taron á Cortés más de trescientas mujeres hermosas 1 * de muy buen parecer muy * bien ataviadas, las cuales le daban para su servicio porque eran esclavas que estaban dedicadas para el sa- crificio de sus ídolos, y estaban presas y condenadas á muerte por excesos y delitos que habían cometido contra sus leyes y fue- ros; y pareciendo á los Caciques que no había mejor en qué em- 1 Este pasaje está representado en la lámina séptima del Lienzo de Tlax- calla.

plearlas, las dieron en ofrenda y sacrificio á los nuestros, las cua- les iban llorando su gran desventura, á padecer crueles muertes * considerando el

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