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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo Iv.

cruel sacrificio que habían de padecer *, y des- pués de muertas comérselas los dioses nuevamente venidos.

Algunos han querido afirmar en este particular, que estas mu- jeres eran hijas de Señores y principales, lo cual no pasó ansí, porque de su antigüedad tenían esclavos y esclavas habidas en despojos de guerras y de gentes extranjeras venidas y traídas de otras naciones, y esta esclavonía sucedía en los hijos é hijas de los esclavos * esclavas , y pasaba muy adelante esta sucesión hasta los bisnietos. Finalmente, aquestas trecientas mujeres se dieron y ofrecieron al capitán Cortes para que le sirviesen á él y á sus compañeros; y al tiempo que se las presentaron no las quiso recibir, sino que se las tornaron á llevar, respondiéndoles que se lo agradecía mucho é que no las quería recibir porque en su religión cristiana no se permitía aquello, * porque si no fuesen cristianas bautizadas no se podía hacer, y cuando esto oviese de ser, sería para tomarlas por su única mujer y compa- ñía por orden de la Santa Madre Iglesia; * que no las podían tener porque su ley lo vedaba * como adelante * mediante Nues- tro Señor lo verían; mas con todo esto con grandes ruegos y persuasiones las recibió á título de que se recibían para que* sirviesen á Malintzin, advirtiendo de que sienten;mucho los in- dios cuando no les reciben los presentes que dan aunque sea una flor, porque dicen que es sospecha de enemistad y de poco amor y poca confianza del dante y del que presenta la cosa, que ansí se usaba entre ellos. Cuando ansí tenían una mujer prin- cipal, la acompañaban muchas mujeres para que la sirviesen;

de manera que para el servicio de Marina se quedaron en ser- vicio del capitán * Cortés * las que como dicho es, hasta que adelante viendo que algunas se hallaban bien con los españoles,, los propios Caciques y principales daban sus hijas propias con el propósito de que si acaso algunas se empreñasen, quedase entre ellos generación de hombres tan valientes y temidos: y ansí fué que el buen Xicotencatl dió una hija suya hermosa * y de buen parecer* á D. Pedro de Alvarado por mujer, que se llamó Doña María Luisa Tecuelhuatzin, porque en su gentilidad no

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