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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo Iv.

aquí nos tenéis para todo lo que quisiereis hacer é intentar, y nos hallaréis muy prontos y aparejados para todo; é si habéis de pasar adelante, os daremos favor y todo lo necesario para el matalotaje; ó si traéis intención de vivir entre nosotros, mirad donde os parece buen sitio para hacer vuestro asiento y donde estaréis mejor acomodados, porque os daremos tierras y montes y aguas, y os ayudaremos á hacer vuestras casas para en que podáis vivir á vuestro contento; y cuando esto no sea de todo lo que os preguntamos, decidnos si nos traéis alguna embajada de los altos soberanos dioses á cuya deidad estamos sujetos: de- cidnos y declaradnos la verdad, que á cualquiera cosa que se nos dijese de parte de ellos, estamos muy prestos para lo cum- plir, ansí por guerras como por sacrificios ú cualquiera otro modo y manera que lo tengan ordenado, según fuese su volun- tad, que suyos somos y sus vasallos. Por tanto, valeroso Capi- tán, no nos tengáis ansí suspensos, declaradnos vuestra volun- tad, pues la nuestra bien la sabéis y la habéis conocido, que de ilustres y nobles caballeros es declararse con los amigos, y aun con los enemigos."

A las cuales razones que ovieron hablado Maxixcatzin y Xi- cotencatl, respondió Cortés mediante y por lengua de Malintzin y Aguilar, diciendo á los cuatro Señores de las cuatro cabece- ras: "Yo os agradezco mucho, generosos y amigos míos, vues- tra lealtad y amigable voluntad: bien parece vuestro principado ser de mucha * alteza * y estima y gran valor: pues ansí es, y queréis saber particularmente de mí y de mis compañeros quié- nes somos, y de dónde y de qué parte venimos, justa razón pedís y es muy bien que se os diga, y estéis desengañados de las dudas en que estáis y de las cosas que ignoráis. Habéis de sa- ber que mis compañeros y yo somos venidos de muy lejanas partes y de tierras muy remotas y apartadas de éstas; nos lla- mamos cristianos, porque lo somos por ser hijos del verdadero Dios, de aquel que crió el cielo y la tierra y todas las demás co- sas que en el mundo hay y se ven; y somos venidos de parte del Emperador D. Carlos de Austria, que es muy gran Señor, el cual nos ha enviado á visitaros, porque sabe y entiende la necesidad en que

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