de sus personas, ellos en este caso se rendían y no tenían que responder, sino que ejecutar su voluntad é hiciese lo que por bien tuviese, de- rribase los ídolos y los diese por ningunos; pero que si algo su- cediese, que no fuese á su cargo, é que fuese visto y entendido que ellos no querían enojar á los dioses, ni era tal su voluntad, ni menos los querían creer, sido al Dios verdadero de los cris- tianos * que era aquel que había criado los cielos y la tierra, y en aquel en quien creían, é que querían tornarse cristianos* y echarse agua en las cabezas como ellos tenían de costumbre ser bautizados, y guardar su ley y mandamientos, como ellos guardaban. Finalmente, seguir y guardar sus buenas y santas costumbres: y porque sus gentes no se alborotasen, que ellos les querían hablar dándoles á entender todas aquellas cosas de que habían sido informados, y que en el Ínterin se estuviesen quietos y sosegados é que apaciguasen en sus corazones.
Tomando pues la mano en esto los cuatro Señores, hicieron grandes juntas en sus pueblos, barrios y cabeceras, donde die- ron entera noticia de lo que el capitán quería y pretendía hacer en destruir y derribar sus dioses, é que no tan solamente venía á castigar á los injustos hombres, sino que también quería tomar venganza de los dioses inmortales, porque nos ha dicho que nos quiere dar otra nueva