Oído negocio tan duro por los de la República, volvieron los rostros al cielo en señal de gran dolor y sentimiento, y muy llo- rosos, que era vellos cosa de espanto y lástima, de tal manera que decían algunos á sus Señores, decid al capitán y respon- dedle, que ¿por qué nos quiere quitar los dioses que tenemos y que tantos tiempos ha que servimos nosotros y nuestros an- tepasados? Que sin quitallos ni mudallos de sus lugares sagra- dos pueden poner á su Dios entre los nuestros, á quien también serviremos, le adoraremos, haremos casas y templos aparte y de por sí, y será también el Dios nuestro y le guardaremos el decoro y respeto que su deidad y santidad merece, guardando sus leyes y mandamientos como lo hemos hecho con otros dio- ses que nos han traído de otras partes. A las cuales palabras * torpes y sin fundamento* respondieron sus Señores y Caci- ques, que ya no había remedio á cosa ninguna de las que pe- dían, sino que precisamente había de hacerse lo que el capitán quería é que no se tratase más de ello; y ansí fué que. luego ca- llaron y comenzaron á ocultar y esconder secretamente muchos ídolos y estatuas, como después adelante andando el tiempo se * HISTORIA DE TLAXCALA. 203 vió y ha visto, donde secretamente muchos de ellos los servían y adoraban como de antes, aconsejándoles el demonio que no desmayasen, ni los hombres advenedizos los engañasen, lo cual les decía en sueños y otras apariencias, mayormente cuando tomaban y bebían cosas provocativas á ver visiones, que para semejantes casos las tenían y tomaban, por cuya causa muchos de ellos estuvieron endurecidos, rebeldes y obstinados para su conversión; y ansí agora en nuestros tiempos, que fué el año de mil quinientos setenta y seis, muchos principales viejos pidieron agua del bautismo, porque de vergüenza y empacho no se ha- bían querido bautizar, los cuales habían quedado en aquellos que habían sido duros y
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Capitulo Iv.
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