han pagado la vida á los miserables Mirad á los ruines Tlaxcaltecas, cobardes, merecedores de castigo: como se ven vencidos de los Mexicanos, andan á buscar gentes advenedizas para su defensa. ¿Cómo os habéis trocado en tan breve tiempo, y os habéis sometido á gente tan bárbara y adve- nediza, extranjera y en el mundo no conocida? Decidnos de dónde los habéis traído alquilados para vuestra venganza miserables de vosotros que habéis perdido la fama inmortal que teníais de vuestros varones ascendientes de la muy clara san- gre de los antiguos Teochichimecas, pobladores de estas tierras inhabitables. ¿Qué ha de ser de vosotros gente perdida? mas aguardad que muy presto veréis el castigo sobre vosotros que hace nuestro dios QuetzalcoJiuatl.
Estas y otras cosas semejantes decían, porque tenían enten- dido que en efecto se habían de abrasar con rayos de fuego que del cielo habían de caer sobre ellos, y que de los mismos templos de sus ídolos habían de salir y manar ríos caudalosos de agua para los anegar, ansí á los de Tlaxcalla como á los nuestros, que no poco temor y espanto causaba á los amigos Tlaxcaltecas creyendo que sucediese ansí como decían los Gho- lultecas. Decían, especialmente los pregoneros del templo de Quetzalcohuatl, todo esto que ansí lo publicaban; mas visto por nuestros Tlaxcaltecas que nuestros españoles apellidaban á Santiago, y comenzaban á quemar los españoles los templos de los ídolos y á derribarlos por los suelos, profanándolos con gran determinación, y como no vían que hacían nada, ni caían rayos, ni salían ríos de agua, entendieron la burlería y cayeron en la cuenta de cómo era todo falsedad y mentira, tornaron ansí co- brando tanto ánimo, que como dejamos referido, ovo en esta ciudad tan gran matanza y estrago, que no se puede imaginar;
de donde nuestros amigos quedaron muy enterados del valor de nuestros españoles, y dende allí en adelante no estimaban aco- meter mayores cosas, todo guiado por orden divina, que era Nuestro Señor servido que esta tierra se ganase y rescatase y saliese del poder del demonio.