Antes que esta guerra se comenzara, fueron enviados men- sajeros y embajadores de la ciudad de Tlaxcalla á los Cholol- tecas, á rogarles y requerirlos por la paz, enviándoles á decir que no venían á buscar á ellos, sino á los de Gulhua, Culhua- canenses Mexicanos, que como está dicho, este era el nombre y apellido Culhuaque, porque habían venido de las partes de Culhuacan de hacia la parte del Poniente, y Mexicanos porque ansí se llamaba la ciudad de México donde estaban poblados con supremo poder: fueles enviado decir por los de Tlaxca- lla y de parte de Cortés, que se viniesen y diesen de paz, y que no tuviesen temor que los dioses blancos y barbudos les hicie- sen daño, porque era muy principal gente y muy noble, que querían su amistad, y ansí les rogaban como amigos los recibie- sen de paz, pues haciéndolo ansí serían bien tratados de ellos y que no les harían ningún mal tratamiento, porque de otra manera si los enojaban era gente muy feroz, atrevida y valiente, que traían armas aventajadas y muy fuertes de hierro blanco, decían esto á causa de que entre ellos no había hierro sino co- bre, é que traían tiros de fuego y animales fieros que los traían de trailla atados con condeleres 1 de hierro, y calzaban y vestían hierro, y de cómo traían ballestas fortísimas, y leones, y onzas muy bravas que se comían las gentes, lo cual decían por los pe- rros lebreles y alanos muy bravos que en efecto traían los nues- tros, que fueron de mucho efecto, y que con estas cosas no se podían escapar ni tener reparo si los dioses se enojaban y no 1 Supongo que quiere decir cordeles.
HISTORIA DE TLAXGALA. 211 se entregaban de paz, lo cual les parecía á ello? muy bien por escusar mayores daños, y que les aconsejaban como amigos lo hiciesen ansí; mas sin hacer caso de estas cosas no quisie- ron sino seguir su parecer de no darse, sino morir antes, y en lugar de este buen consejo y buena respuesta á los de Tlax- calla, desollaron vivo la cara á Patlahuatzin su embajador, persona de mucha estima y principal valor, y lo mismo hicieron de sus manos, que se las desollaron hasta los codos, y cortadas las manos (por las) moñecas, que las llevaba colgando, y le en- viaron desta manera con gran crueldad, diciéndole ansí: An- dad y volved