y decid á los de Tlaxcalla y á esos otros andrajosos hombres, ó dioses ó lo que fuesen, que son esos que decís que vienen, que eso les damos por respuesta; y ansí se vino el pobre embajador con harta lástima y dolor, el cual puso terrible es- panto y pena en la República, siendo uno de los gentiles y hermosos hombres de esta Señoría, dispuesto y bien agestado; y visto tan gran atrevimiento y vil tratamiento, de que murió Pa- tlahuatzin en servicio de su patria y República, donde dejó eter- na fama entre los suyos como lo refieren en sus enigmas y can- tares *, fueron indignados los Tlaxcaltecas, pues recibieron por grande afrenta una cosa que jamás había pasado en el mundo;
que los semejantes embajadores siempre eran tenidos en mu- cho y honrados de los Reyes y Señores extraños que con ellos comunicaban las paces, guerras y otros acontecimientos que 1 Este episodio y lo que sigue es un cuento inventado por el cronista para disculpar la injustificable carnicería de Cholula y la parte principal que en ella tuvieron los tlaxcaltecas como sus instigadores y partícipes. Ni Bernal Díaz ni aun el mismo Cortés, hacen mención del cruel