luego pusieron por obra la conversión general de estos naturales, y dar orden de cómo se había de disipar la idolatría sin escándalo ni alboroto alguno;
y siendo ansí y poniendo en ejecución su santo propósito, co- menzaron á derribar los ídolos de los templos, con celo edifican- te de extirpar y desarraigar los ritos infernales que entre esta gente había, quemando los simulacros horrendos y espantosos, dando con ellos en tierra, sin que ninguno se los osase impedir- lo ni estorbar.
Con esta tan sublime obra, comenzaron á promulgar y pre- dicar el sagrado evangelio y doctrina de Nuestro Dios y Salva- dor Jesucristo, con ayuda de muchos niños hijos de Caciques y Señores que á los principios doctrinaron, instruyéndolos ente- ramente en las cosas de nuestra Santa Fe Católica; en cuya obra hacían muy gran efecto é impresión en esta nueva planta, y prosiguiendo en ella, les comenzaron á quitar las muchas mu- jeres que tenían y los otros demás ritos de idolatría, y otras muchas supersticiones, sacrificios horrendos, cruelísimos y abo- minables de sangre humana ofrecida al demonio, sacada y de- sangrada de sus propias carnes, quitándoles ansimismo que trujeran orejeras 1 los hombres ni las mujeres, ni bezotes, 2 y otros obominables usos y costumbres que tenían, y que los hombres no tuviesen más de una mujer, y las mujeres más de 1 Adornos á manera de sarcillos, que en los hombres era además una distin- ción ó insignia del cargo público civil ó militar que desempeñaban.—R.
2 Palabra inventada por los españoles y derivada de la antigua Beso (labio). Llamaban así un adorno de cristal de roca, de piedra verde esmeralda (Chal- chihuitl) y lo más común de obsidiana, que se acomodaba en el labio inferior, horadándolo. Tenía una forma á manera de sombrero de copa alta, y por ello les llaman vulgarmente sombreritos. En el Museo Nacional hay varias mues- tras. Los de cristal eran una distinción peculiar á la servidumbre del Empe- rador.—R.