un hombre por marido, y esto había de seí por orden de Nues- tra Santa Madre Iglesia y con licencia de los Ministros de Dios, y que se quitasen los bragueros que traían y se pusiesen zara- güelles 1 y se vistiesen camisas, que era traje más honesto, y que no anduviesen en carnes y desnudos como antes andaban. A esta tan santa obra, algunos de los Caciques y principales se mostraron duros y rebeldes y más que pertinaces, pues con ha- berse bautizado tornaron á reiterar en sus idolatrías y gentili- dad y antiguo uso, los cuales murieron por eso ahorcados por mandado de Hernán Cortés y por consentimiento de la Seño- ría de Tlaxcalla, que fueron los que eran señalados por dibujo. 2 Sólo diremos que después de que estuvo arraigada la fe y ex- tendida, * yéndose como seiba extendiendo la ley evangélica*, D. Gonzalo Tecpanecatl Tecuhtli, Señor que fué de la cabecera de Tepeticpac, tenía escondidas en su casa las cenizas de Camax- tli, ídolo muy venerado entre los naturales de esta provincia;
y teniéndolas encubiertas en su casa en un oratorio, pasaba con ellas gran inquietud y trabajo, sucediéndole grandes alteracio- nes, desgracias y calamidades en sus haciendas, porque el demonio le fatigaba, y no osaba descubrir á nadie, ni decir el mal que tenía en su casa escondido, con hacelle tan mala vencindad y compañía; mas viniéndose á confesar una Semana Santa, como es precepto, se confesó con Fray Diego de Olarte, Religioso del Orden de San Francisco, y en el discurso de su confesión, descubrió á este santo varón cómo tenía guardadas en su casa las cenizas del ídolo Camaxtli, y *que no lo había osado decir ni descubrir á nadie por su reputación, y porque no le tuviesen por mal cristiano, é que agora que había conocido á Dios y en- tendido la burla y engaño en que vivía y vivieron sus antepasa- dos, y que por eso agora se lo descubría, é que mirase y viese lo que mandaba hacer de aquellas reliquias de su idolatría, que él estaba muy obediente á todo lo que mandase. El buen reli- 1 Especie de calzones anchos y fallados en pliegues.—R.
2 No existe esto en la copia, y Bustamante advierte en una nota, que tam- bién faltaba en el original.— R.