La Monarquía Indiana del P. Torquemada, el más rico y seguro depósito bres de él y en la sierra de Tlaxcala que llaman Matlalcueye, y en lo alto y cumbre de Tepeticpac, se retiraron y guarecieron las mujeres y niños, cuando el Capitán Hernando Cortés y sus compañeros vinieron á la conquista de esta tierra y entraron por esta provincia de Tlaxcala, hasta que se le dio su paz y se- guridad.
Demás de esta población tan antigua, hubo otras en los lla- nos de San Felipe, que serán dos leguas adelante hacia la parte del Poniente, en cuanto á nuestro centro, en parte llana y es- combrada; ansí mismo hubo otra de los propios Ulmecas, Xica- lancas y Zacatecas, cuyo caudillo de ellos fué uno que llamaban Coxanatecuhtli, 1 que según parece, estos primeros pobladores vinieron en tres legiones de las siete cuevas, que unos y otros eran de un lenguaje y de una misma disposición y traza, los cuales tuvieron poblado más de cuatro leguas de tierra en di- versos lugares de esta provincia, cuyos edificios son conocidos de las antiguas tradiciones y de memorias históricas irreparablemente perdidas, contiene también el pasaje que nos ocupa.
Aunque allí está copiado casi á la letra, como la generalidad de los que forman aquella inapreciable historia, con todo, las variantes que introdujo lo li- bertan déla nota de plagiario, bien que habría andado más acertado, haciendo la transcripción literal. Dice así: " porque con estar (las cavas) como están de " presente, tan arruinadas, por los muchos tiempos que han pasado, tienen más " de una lanza en alto, y entrando yo á querer satisfacerme de la grandiosidad 11 del lugar, quise medir su altura y haciendo poner á un hombre á caballo, le " di una hasia del tamaño de una lanza, y apenas llegaba arriba en muchas par- " tes de estas dichas fosas, estando como digo, ya ciegas y llenas de tierra con el mucho tiempo que ha pasado y avenidas de agua etc."
Un tal testimonio y vertido en esta forma, es de gran importancia porque sir- ve de confirmación á las noticias de Camargo. Las de éste la tienen