Pasado esto, Culhuatecuhtlicuanez 2 envió á dar las gracias ai Señor de México de la merced y aviso que le había mandado decir; y puestos ya en orden para venir en regimiento de guerra, habiendo ganado las voluntades y amigos de sus confederados, y estando todos juntos en lo más alto de la cumbre de Tepe- meja en sus espirales una nube en forma de culebra. Ahora bien, la hoguera era la señal de la guerra, y con hogueras escalonadas avisaban nuestros anti- guos pueblos la aproximación del enemigo: de ahí viene el nombre de Yao- maxtlij paño de la guerra, ó más bien, el que se encarniza con el enemigo.
Los otros pneblos del Valle, texcocanos y otomíes, no figuran en estas leyen- das ni en la tira, porque los primeros vinieron por rumbo distinto, y los segun- dos eran los viejos habitantes del Anahuac.
1 de la hera; manuscrito de Panes.—K.
2 Antes lo ha llamado el autor Culhuatecuhtli, único señor de Texcalla y de Tepeticpac. Además de la diferencia de nombre, aunque muy semejante, esto nos hace notar que en un principio el señorío tenía un solo jefe, y que se componía de dos territorios, Tepeticpac y Texcalla; aunque en otros pasajes parecen confundirse entre sí, y con Texcaltipac, el cual pudiera ser una voz compuesta de las otras dos.
ticpac, entraron á hacer oración en el templo de su ídolo Ca~ maxtli, ante el cual pusieron muchas cañas de carrizo, xara y puntas de vardascas, todas con sus lengüetas y arpones, cantidad de nervios y plumas para hacer flechas y saetas, y colocado esto ahí, invocaron al demonio con muy grandes oraciones, pidiéndo- le les favoreciese y ayudase, pues en todo