libertad para sus propios oscuros designios, para que con reiterados crímenes pudiera acumular sobre sí la condenación, mientras buscaba el mal para otros, y furioso pudiera ver cómo toda su malicia servía tan solo para engendrar infinita bondad, gracia y misericordia mostradas al Hombre por él seducido, mas sobre sí mismo derramadas triple confusión, cólera y venganza.
Al instante, erguido, levanta de la poza su potente estatura; a cada lado las llamas, empujadas hacia atrás, inclinan sus crestas agudas, y, arrolladas en olas, dejan en medio un valle espantoso.
Luego, con alas desplegadas, emprende su vuelo en lo alto, apoyándose en el aire oscuro que sintió un peso insólito; hasta que en tierra firme posa—si era tierra aquello que jamás ardía con fuego sólido, como el lago con líquido, y tal parecía en su tono, cual cuando la fuerza de un viento subterráneo transporta un monte arrancado al Peloro, o el flanco destrozado del tronante Etna, cuyas entrañas combustibles y repletas de combustible, concibiendo allí fuego, sublimadas con furia mineral, auxilian a los vientos, y dejan una base chamuscada toda envuelta en hedor y humo: tal reposo halló la planta de aquellos pies malditos.