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nydus/Paradise LostPublic
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Libro I

Él llamó tan fuerte, que todo el hondo abismo del Infierno resonó: «¡Príncipes, Potentados, Guerreros, la flor del Cielo, que fuere vuestra y hoy está perdida, si tal asombro como este puede apoderarse de espíritus eternos!; ¿o habéis elegido este lugar tras la fatiga de la batalla para reposar vuestra virtud cansada, por el alivio que halláis en dormir aquí, como en los valles del Cielo? ¿O en esta postura abyecta habéis jurado adorar al vencedor, que ahora contempla al Querubín y al Serafín rodando en el torrente con armas y enseñas esparcidas, hasta que pronto sus veloces perseguidores desde las puertas del Cielo disciernan la ventaja, y descendiendo nos pisen así abatidos, o con rayos encadenados nos atravesen hasta el fondo de este abismo? ¡Despertad, alzaos, o sed para siempre caídos!»

Oyeron, y avergonzados, de un salto se elevaron sobre el ala, cual cuando hombres dados a la guardia, hallados durmiendo por aquel a quien temen, se despiertan y agitan antes de estar bien despiertos. Ni dejaron de percibir el penoso estado en que se hallaban, ni de sentir los fieros dolores; mas a la voz de su General obedecieron pronto innumerables. Como cuando la potente vara del hijo de Amran en el día funesto de Egipto, agitada en torno a la costa, llamó a una nube pez de langostas, que avanzaba en el viento oriental, y que sobre el reino del impío Faraón pendió como la noche, oscureciendo toda la tierra del Nilo: tan innumerables se veían aquellos malos Ángeles cerniéndose en sus alas bajo la bóveda del Infierno entre los fuegos superiores, inferiores y circundantes; hasta que, como a señal dada, la alzada lanza de su gran Sultán, agitándose para dirigir su rumbo, en fiel equilibrio descienden sobre el firme azufre y llenan toda la llanura: una multitud como la que el poblado Norte jamás arrojó de sus entrañas heladas para cruzar el Rin o el Danubio, cuando sus bárbaros hijos vinieron como un diluvio sobre el Sur y se extendieron bajo Gibraltar hasta las arenas de Libia.

Incontinenti de cada escuadrón y cada banda, los jefes y líderes se apresuran allí donde estaba su gran Comandante; figuras semejantes a

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