veces a la debida distancia, y llevada hasta el máximo rigor, con la visible disipación del padre durante todo el tiempo, no surte efecto, cambia la mentalidad y produce una futura conformidad, ¿qué puede esperarse de los golpes, y con qué propósito habrían de usarse ya más? Los azotes, cuando no se puede esperar ningún bien de ellos, parecerán más la furia de un enemigo enfurecido que la buena voluntad de un amigo compasivo; y tal castigo no conlleva más que provocación, sin perspectiva alguna de enmienda.
Si es desgracia de cualquier padre tener un hijo tan perverso e intratable, no sé qué más puede hacer sino rogar por él.
Mas imagino que, si se sigue un buen rumbo con los niños desde el principio, muy pocos resultarán ser así; y cuando se den tales casos, no han de constituir la regla para la educación de aquellos que son de mejor condición y pueden ser manejados con mejor trato.
§88. Si se puede conseguir un tutor que, considerándose en el lugar del padre, sintiendo como propia su responsabilidad y deleitándose con estas cosas, se aplique desde el principio a ponerlas en práctica, hallará después su labor muy fácil; y usted, según supongo, verá a su hijo en poco tiempo aventajarse mucho más en letras y crianza de lo que quizá imagina. Pero que de ningún modo lo castigue jamás sin su consentimiento y dirección; al menos hasta que tenga experiencia de su prudencia y templanza. Sin embargo, para mantener la autoridad de este con su discípulo, además de ocultar que no tiene el poder de la vara, debe usted mismo tratarlo con gran respeto, y hacer que toda su familia lo haga también; pues no puede esperar que su hijo tenga consideración alguna por alguien a quien ve que usted, su madre u otros desprecian. Si usted lo cree digno de desprecio, ha hecho una mala elección; y si usted muestra cualquier desprecio hacia él, difícilmente se