grande o tan fina como para ocultarse a sí misma: nadie fue jamás tan astuto como para encubrir el serlo; y una vez que son descubiertos, todo el mundo se muestra esquivo, todo el mundo desconfía de los hombres taimados; y todo el mundo se une con prontitud para oponerse a ellos y derrotarlos; mientras que el hombre abierto, franco y sabio hace que todo el mundo le abra paso y va directamente a su asunto. Acostumbrar a un niño a tener nociones verdaderas de las cosas, y a no darse por satisfecho hasta tenerlas; elevar su mente a pensamientos grandes y dignos, y mantenerle alejado de la falsedad y la astucia, la cual siempre lleva una gran mezcla de falsedad en sí misma; es la preparación más adecuada de un niño para la sabiduría. El resto, que ha de aprenderse del tiempo, la experiencia y la observación, y del trato con los hombres, sus temperamentos y designios, no debe esperarse en la ignorancia e inadvertencia de la infancia, ni en el calor inconsiderado y la impetuosidad de la juventud: todo lo que puede hacerse al respecto, durante esta edad inmadura, es, como he dicho, acostumbrarlos a la verdad y la sinceridad; a la sumisión a la razón; y, tanto como sea posible, a la reflexión sobre sus propias acciones.
§141. La siguiente cualidad propia de un caballero es la buena educación.
Hay dos clases de mala educación:
- la una, una timidez acobardada,
- y la otra, una negligencia y falta de respeto indecorosas en nuestro comportamiento;
ambas se evitan observando debidamente esta única regla: no tener un concepto bajo de nosotros mismos, y no tener un concepto bajo de los demás.
§142. La primera parte de esta regla no debe entenderse en oposición a la humildad, sino a la presunción. No debemos tener tan buena opinión de nosotros mismos como para hacer valer nuestro propio mérito y arrogar-nos una preferencia sobre los demás debido a cualquier ventaja