y volviéndose hacia el secretario, carmesí de ira, dijo con rapidez, con una nota de furia en la voz:
—Escriban ahora mismo… ahora mismo… «¡que agarré la mano de almirez para ir a matar a mi padre… a Fiódor Pávlovich… dándole un golpe en la cabeza!» Bueno, ¿ya están satisfechos, caballeros? ¿Ya se han quedado tranquilos? —dijo, mirando con desafío a los abogados.
—Comprendemos perfectamente que acaba de hacer esa declaración por exasperación con nosotros y con las preguntas que le hemos hecho, las cuales considera triviales, aunque de hecho son esenciales —observó el fiscal secamente en respuesta.
—¡Válgame Dios, caballeros! Sí, cogí la mano de almirez... ¿A qué se recogen cosas en semejantes momentos? No sé para qué. La arrebaté y eché a correr, eso es todo. Porque para mí, caballeros, passons, o juro que no