CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Page 34 of 49
Table of Contents

Capítulo 25

La misma noche, a las veintidós horas.

Sostengo la pluma con gran dificultad. Una fatiga tan extraordinaria tras todos los acontecimientos vertiginosos de esta mañana. ¿Es posible que los fuertes, salutarios y seculares muros del Estado Unificado hayan caído? ¿Es posible que volvamos a estar sin un techo sobre nuestras cabezas, de regreso en el estado salvaje de libertad como nuestros remotos antepasados? ¿Es posible que hayamos perdido a nuestro Bienhechor? «¡Opositor!». ¡En el Día de la Unanimidad, opositor! Me avergüenzo de ellos, dolorosa, temerosamente de ellos. … Pero ¿quiénes son «ellos»? ¿Y quién soy yo? «Ellos», «Nosotros»… ? ¿Lo sé?

Continuaré.

Ella estaba sentada donde la había llevado, en el banco de vidrio superior que estaba caliente por el sol. Su hombro derecho y el comienzo de la curva maravillosa e incalculable estaban al descubierto⁠—una serpiente de sangre sumamente delgada. Parecía no ser consciente de la sangre, ni de que su pecho estaba descubierto. No, prefiero decir: parecía ver todo aquello y parecía sentir que le era esencial, que si su unif estuviese abotonado lo habría rasgado, lo habría hecho.⁠ ⁠…

“¡Y mañana!” Pronunció las palabras entre dientes blancos, apretados y brillantes: “¡Mañana, nadie sabe qué… ¿entiendes? Ni yo ni nadie lo sabe; ¡es un misterio! ¿Te das cuenta de qué alegría es eso? ¿Te das cuenta de que todo lo que era seguro ha llegado a su fin? Ahora… ¡las cosas serán nuevas, improbables, imprevistas!”.

Abajo las olas humanas seguían espumando, agitándose, rugiendo, pero parecían estar muy lejos y volviéndose cada vez más distantes.

Pues ella me estaba mirando. Poco a poco me atrajo hacia su interior a través de las estrechas ventanas doradas de sus pupilas.

Permanecimos así en silencio durante un buen rato. Y por alguna razón recordé cómo una vez observé unas extrañas pupilas amarillas a través del Muro Verde, mientras por encima del Muro planeaban unas aves (¿o aquello fue en otro momento?).

“Mira, si mañana no ocurre nada en particular, te llevaré allí; ¿entiendes?”

No, no comprendí, pero asentí en silencio. Me disolví, me volví infinitesimal, un punto geométrico.⁠ ⁠…

Después de todo, hay cierta lógica —una lógica peculiar de hoy, en este estado de ser un punto. Un punto tiene más incógnitas que cualquier otra entidad. Si un punto empezara a moverse, podría convertirse en miles de curvas, o cientos de sólidos.

Temía moverme. ¿En qué me habría convertido si me hubiera movido? Me parecía que todos, al igual que yo, temían ahora hasta el más mínimo de los movimientos.

En este momento, por ejemplo, mientras me siento a escribir, todo el mundo está sentado y oculto en su celda de cristal, esperando algo. No oigo el zumbido de los ascensores, habitual a esta hora, ni risas ni pasos; de vez en cuando, Números pasan en parejas por el pasillo, susurrando, de puntillas.⁠ ⁠…

¿Qué pasará mañana?

¿Qué será de mí mañana?

34