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Americanismo

miramientos a cualquier hombre que mantenga cualquier otra lealtad. Pero si es leal de corazón y de manera exclusiva a esta República, entonces, sin importar dónde haya nacido, es tan buen estadounidense como cualquier otro.

La única manera absolutamente segura de llevar a esta nación a la ruina, de impedir toda posibilidad de que continúe siendo una nación en absoluto, sería permitir que se convierta en un enredo de nacionalidades en disputa, en un nudo intrincado de germano-estadounidenses, irlando-estadounidenses, anglo-estadounidenses, franco-estadounidenses, escandinavo-estadounidenses o italo-estadounidenses, cada uno preservando su nacionalidad por separado, cada uno sintiendo en el fondo más simpatía por los europeos de esa nacionalidad que por los demás ciudadanos de la República estadounidense.

Los hombres que no se convierten en estadounidenses y nada más son estadounidenses con guion; y no debería haber lugar para ellos en este país. El hombre que se llama a sí mismo ciudadano estadounidense y que, sin embargo, demuestra con sus actos que es principalmente ciudadano de una tierra extranjera, desempeña un papel profundamente pernicioso en la vida de nuestro cuerpo político. No tiene lugar aquí; y cuanto antes regrese a la tierra a la que siente que pertenece su verdadera lealtad, mejor será para todo buen estadounidense.

No existe tal cosa como un estadounidense con guion que sea un buen estadounidense. El único hombre que es un buen estadounidense es aquel que es estadounidense y nada más.

Apelo a la historia. Entre los generales de Washington en la Guerra de Independencia se encontraban Greene, Putnam y Lee, de ascendencia inglesa; Wayne y Sullivan, de ascendencia irlandesa; Marion, de ascendencia francesa; Schuyler, de ascendencia holandesa, y Muhlenberg y Herkemer, de ascendencia alemana.

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