Ya no estamos en el siglo diecinueve. Hemos aprendido muchas cosas desde entonces, y si la prudencia es tan solo una de esas cosas, al menos nos impedirá juzgar un libro como este, con todo su aparente orgullo pontificio y su desbordante confianza en sí mismo, con indebida prisa, o con esa arrogante seguridad con la que la ignorancia de «los humildes» y «los modestos» se ha enfrentado siempre a todo lo verdaderamente grande.
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Introducción del traductor
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