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nydus/FrankensteinPublic
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Capítulo VIII

“Encomiendo mi causa a la justicia de mis jueces, mas no veo margen para la esperanza. Ruego que se me permita interrogar a unos pocos testigos acerca de mi reputación; y si su testimonio no pesa más que mi supuesta culpabilidad, tendré que ser condenado, a pesar de que pondría mi salvación por mi inocencia”.

Se llamó a varios testigos que la conocían desde hacía muchos años, y hablaron bien de ella; pero el miedo, y el odio hacia el crimen del que la suponían culpable, los volvieron pusilánimes y reacios a presentarse.

Elizabeth vio que incluso este último recurso, sus excelentes disposiciones y su conducta irreprochable, estaba a punto de fallarle a la acusada, cuando, aunque violentamente agitada, pidió permiso para dirigirse al tribunal.

“Yo soy”, dijo ella, “la prima del desgraciado niño que fue asesinado, o más bien su hermana, pues fui criada por sus padres y he vivido con ellos desde entonces, e incluso mucho antes de su nacimiento. Puede por lo tanto juzgarse indecoroso de mi parte presentarme en esta ocasión; pero cuando veo a un prójimo a punto de perecer por la cobardía de sus falsos amigos, deseo que se me permita hablar, para decir lo que sé de su carácter.

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