ejecutaba el sacrifi- cio llamado gladiatorio, descrito por Clavijero y otros historiadores; siendo de advertir que el prisionero no estaba atado del pie según ellos dicen y lo figuran en sus estampas, sino de la cintura y con el vuelo bastante para poder atacar y defenderse. En el Museo Nacional hay algunas de estas piedras, no siendo tal el gran disco grabado que el vulgo denomina Piedra de los sacrificios.—R.
los límites de la rueda mayor. Finalmente, el miserable prisio- nero le ataban con esta soga á manera de toro que se ata en bramadero, y allí le ponían todos * los géneros de * armas con que se podía defender y ofender, para que pudiera aprovechar de las que más gusto le diesen. Dábanle rodelas, espadas, ar- cos, flechas y macanas arrojadizas, porras de palo engastadas en ellas puntas de pedernales, y puesto en este extremo se can- taban cantares tristes y dolorosos; mas el miserable hombre con esfuerzo y ánimo, como aquel que pensaba ir á gozar de la gloria de sus dioses, ansimismo se componía, y estando atado salían á él tres ó cuatro hombres valientes á combatir con él, y hasta que allí moría peleando no le dejaban, y ansí se defen- día con tanto ánimo que algunas veces mataba antes que mu- riese más de cuatro; y aquí se probaban las fuerzas de algunos hijos de Señores que salían aviesos é incorregibles, y probaban sus venturas, otros por adiestrarse ó por perder el miedo de la guerra.
Acaeció en los tiempos que ya los españoles se acercaban en su venida (y aun quieren decir que en 'ai el propio año), que prendieron los de Huexotzinco uno de Ib~s ínás valientes indios que entre los Tlaxcaltecas ovo, que se llamó Tlahuicole, 1 que quiere decir El de la divisa de barro, y era que siempre traía por divisa una asa de un jarro, el cual era de barro coci- do y torcido como una asa. Este fué tan esforzado y valiente, que con solo oír su nombre, sus enemigos huíaiwde él. Fué de tan grandes fuerzas, que la macana con que peleaba tenía un hombre bien que hacer en alzarla. Este quieren decir que no fué alto de cuerpo, sino bajo y espaldudo, de terribles y muy grandes fuerzas, que hizo hazañas y hechos que parecen cosas increíbles y más que de hombre: de modo que