humanidad que vive, juzgo la escuela cuna de la humanidad que piensa. Y sí por los des- cubrimientos de Colón, tuvimos como consecuencia histórica la primera escue- la en México ¿qué monumento más hermoso podrá levantar nuestra gratitud al desgraciado almirante, que buscar y encontrar al fin, cosa que por imposible se tenía, el lugar en donde se alzó la primera escuela en nuestra ciudad de Mé- xico?
La primera escuela se estableció naturalmente junto al primer convento de San Francisco ó sea San Francisco el Yiejo. Es curioso que Torquemada, frai- le franciscano que escribió á principios del siglo XVII, ignorara dónde estuvo este primer San Francisco. Dice este historiador, que estaba en el sitio que ahora ocupa la catedral. Lo refuta victoriosamente D. Lucas Alamán (Diser- gua, no decían sino que en el infierno, señalando la parte baja de la tierra con la mano, había fnego, sapos y culebras; y acabando de decir esto, elevaban los ojos al cielo, diciendo que un solo Dios estaba arriba, ansimismo apuntando con la mano, lo cual decían siempre en los mercados y donde había junta y con- gregación de gentes, y no sabían decir otras palabras que los naturales les entendiesen sino era por señas; y cuando estas cosas decían y predicaban, el uno de ellos, que era un venera- ble viejo calvo, estaba en la fuerza del sol de mediodía con es- píritu de Dios enseñando, y con celo, de caridad diciendo estas cosas, y á media noche en muy altas voces que se convirtiesen á Dios y dejasen las idolatrías. Cuando predicaban estas cosas decían los Señores Caciques ¿qué han estos pobres miserables?
mirad si tienen hambre, y si han menester algo, dadles de co- mer; otros decían Estos pobres deben de ser enfermos ó estar locos, dejadlos vocear á los miserables, tomádoles á su mal de locura; dejadlos estar, que pasen su enfermedad como pudieren: no les hagáis mal, que al cabo estos y los demás han taciones, tomó 2?, página 141 y siguientes); pero no prueba, en mi concepto, como pretende, que estaba en la esquina de Santa Teresa. Existía la tradición de que este San Francisco se levantó en el lugar en que estaba la casa de fieras del palacio de Moteczuma. Esto hace