nosotros se fueron á residir á sus lugares y moradas de gozo, donde viven con descanso, y desde allá nos envían á la tierra con sus divinas influencias, con su virtud y gran poder todo lo necesario, viendo que sus bultos y figuras son adoradas de las gentes; y ansí no sabemos Capitán cual sea la causa que traéis inclinado contra ellos, porque nos dices y amonestas que no hay más de un Dios, que este es criador del cielo y de la tierra, que es el verdadero, y que á éste servís y adoráis tú y tus com- pañeros, y á éste nos persuades que creamos, é que creyendo en él seremos todos unos, echándonos agua en las cabezas en nombre y virtud del mismo Dios, é que nos llamaremos cristia- nos, quedando con esto limpios y lavados de nuestras culpas y pecados, que seremos hijos suyos, y porque esto tenga efecto y sea válido, que ante todas cosas hemos de consentir que nos derribes y desbarates nuestros ídolos, que son semejanza de nuestros dioses á los cuales adoramos y reverenciamos de tan- tos siglos atrás nosotros y nuestros antepasados, que con tanta religión observaron y guardaron en el culto dellos, ¿cómo quie- res tú que con tanta facilidad los dejemos y consintamos que con tus violentas y sacrilegas manos te dejemos profanar los dioses que en tanto tenemos y estimamos? ¡Valeroso Capitán!
¿Para qué queréis mover agora negocio tan intratable, alteran- do los corazones de los nuestros en querer intentar un caso tan duro y tan dudoso como éste, quebrantando un fuero tan in- violable, que si con tan denodado atrevimiento y tan temerario lo hicieseis, los hombres que vivimos en la tierra y tan sujetos á la voluntad de los dioses, no lo habrían comenzado á poner por obra, cuando ellos todos se indignarían contra todo el mun- do, y lo destruirían y tornarían por su propia causa y deidad, cuando viesen que los hombres los menospreciábamos en la tie- rra, nos enviarían hambres, pestilencias y otros desastres, in- fortunios y calamidades, desechándonos y expeliéndonos como á hombres malditos y apartados de su amistad, y no nos ha- blarían más, ni nos responderían como nos responden; el sol y la luna y demás estrellas relumbrantes se enfadarían contra nosotros, y ya no nos mostrarían más su luz ni