experimentaron bien las manos y ánimo de los españoles, pues las acequias, calles y pa- sos de donde habían quebrado las fuentes, quedaron llenos de cuerpos muertos, y las ciénegas y lagunas teñidas y vueltas en pura sangre. 2 1 Los historiadores discrepan mucho en el número. Aunque Cortés debía conocerlo con perfecta certidumbre, acomodándose á la aritmética de los jefes militares, lo disminuye mucho. El criterio más seguro en el caso es el que nos ministran Bernardino Vázquez de Tapia y Bernal Díaz, testigos y actores en aquella sangrienta trajedia. Declarando el primero en el proceso instruido á Pedro de Alvarado, dice que habiendo llegado Cortés con los restos de su ejér- cito "áun Qu (templo) que ahora se dice de Nuestra Señora de los Keme- " dios, allí hizo alarde (paso revista) é halló que faltaban cerca de setecientos 11 hombres ó ochenta é tantos caballos." Esta evaluación se conforma con la de Bernal Díaz, que sumando según parece todas las pérdidas sufridas desde el alzamiento de los mexicanos hasta la salida de los españoles, escribía: " Digo " que en obra de cinco días fueron muertos y sacrificados sobre ochocientos y 11 sesenta soldados." En el mismo lugar (capítulo 128), las resume compután- dolas hasta después de la batalla de Otumba. " Cuando entramos al socorro de 11 Pedro de Alvarado en México, fuimos por todos sobre más de mil y trescien- " tos soldados, con los de á caballo que fueron noventa y siete y ochenta balles- " teros y otros tantos escopeteros y más de dos mil Tlaxcaltecas y (des"puésde aquella batalla) no quedamos sino cuatrocientos y cuarenta, il con veinte caballos y doca ballesteros y siete escopeteros, todos heridos, cojos " y mancos y así, volvimos otra vez á disminuirnos en el número y co- " pia de los soldados que con Cortés pasamos desde Cuba y que primero entra"mos en México, cuatrocientos y cincuenta soldados." La mortandad de los tlaxcaltecas fué mucho mayor. R.
2 A continuación de este párrafo ingerió D. Carlos Bustamante otro que di- ce copió de una apostilla que existía en el manuscrito de la Universidad, escri- to de la misma letra del texto. Esta indicación y la circunstancia de no encon- trarse ese párrafo en el manuscrito de Panes,