los indios, y que estando en ellas con gran número de gentes haciendo reseña de guerra y alarde, que acaso se hallaron en esta ocasión é que salieron al paso por ver si podían acabar con los españoles que venían desbaratados y heridos de México, y lo pusieron ansí por obra, sin ser para ello avisados de los Me- xicanos, lo cual tengo por falso descargo. Finalmente, se desba- rató el campo enemigo, desmayaron sus gentes, de suerte que en poco rato no quedó ninguno que les impidiera su camino, que- dando los nuestros vencedores. * Prosiguieron su camino aunque algunos capitanes de los vencidos siempre salían á estor- bar el pasaje, continuando su pelea con rabia cruel de tan gran pérdida de sus gentes, aunque no con tanta priesa que fuese par- te para que pudiese* impedirles el camino que llevaban En este lugar vieron los naturales visiblemente pelear uno de un caballo blanco, no le habiendo en la compañía, el cual les hacía tanta ofensa, que no podían en ninguna manera defenderse del ni aguardalle; y ansí en memoria de este milagro, pusieron en la parte que esto pasó, una hermita del Apóstol Santiago, que es un pueblo pequeño que está en aquella comarca de Otom- pan, que los naturales le llaman Tenexalco. Afirmaron muchos conquistadores que el caballo en que salió Hernando Cortés á este reencuentro era un rocín de arria muy bronco, y que no servía más
Table of Contents
Capitulo Vi.
253