les y fieles amigos míos *, os ruego que me ayudéis en todo lo que se me ofreciere, y más en tan justa ocasión como esta, pues es vuestra propia causa y particular interés vuestro, porque yo de mi parte no os he de faltar.
Acabada esta plática y razonamiento Hernando Cortés, afir- mativamente prometió á los Tlaxcaltecas, que si Dios Nuestro Señor le daba victoria, tenían parte de todo lo que conquistase, ansí de despojos de oro y otras riquezas de todas las provincias y reynos que se ganasen y conquistasen, particularmente la ciu- dad de Cholula y provincia de Huexotzinco y Tepeyacac; y ansí fué como fidelísimos y leales le ayudaron á ganar y conquistar toda la máquina de este Nuevo Mundo, con gran amor y vo- luntad: en todas las cosas que se ofrecieron, siempre los halló muy de su parte y á su lado, con determinación de seguirle hasta morir ó vencer contra sus propios naturales, aunándose con nuestros españoles gentes extrañas de su natural y nación, la cual causa se atribuye ser más obra de Dios Nuestro