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nydus/Historia de TlaxcalaPublic
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Capitulo Viii.

2 Es decir, mezcladas ó amasadas.—R.

HISTORIA DE TLAXGALA. 245 este lugar se nos ofrece ocasión de tratar algunas cosas dignas de eterna memoria, salimos de nuestro principal intento. Y es el caso que un Cacique llamado D. Cristóbal Axotecatl, prin- cipal del pueblo de Atlihuetza sujeto á Tlaxcalla, martirizó un hijo suyo llamado ansimismo Cristóbal, y por ser muchacho de poca edad le llamaban ansí los religiosos Cristobalito, y su común nombre era Cristobalito, á manera de regalo, 1 y habién- dose bautizado y tomado por nombre Cristóbal, su padre Axo- tecatl tornó á idolatrar, y por no ser sentido puso á su hijo con los frailes en el monasterio de Tlaxcalla, para que fuese doctri- nado é instruido en las cosas de Nuestra Santa Fe, y fué Nues- tro Señor servido de que en muy breve tiempo fuese tan buen cristiano que no había más que desear: los religiosos le tenían en tanto, que no se hallaban sin él, el cual iba á su padre D.

Cristóbal muchas veces á predicalle las cosas de Nuestra Santa Fe, declarándole la doctrina cristiana, contradiciéndole y repro- bándole la gentilidad y reprobada idolatría, y cómo era devaneo y engaño, y que le rogaba mucho como hijo suyo que era, y que tanto le amaba, que dejase de idolatrar, se convirtiese á Dios y le sirviese; mas como su padre estuviese endurecido y obsti- nado, nunca quiso dar crédito á su hijo á cuanto le decía y amo- nestaba. Visto esto por Cristobalito, rogó con gran instancia á su madre que se lo dijese y rogase á su padre, que pues era bautizado, que siguiese la fe de los cristianos y se volviese á Dios y aborreciese á sus ídolos, porque recibía grande afrenta y no osaba parecer ante sus maestros los religiosos.

  • Viendo que su padre todavía servía al demonio y á dioses de piedra y de palo, lo cual rogaba á la madre con grande ins- tancia y de que fuese parte que su padre se tornara á Dios y dejase al demonio; la madre, viendo la razón que el hijo tenía*, rogó á D. Cristóbal su marido que volviese á la ley de Dios, y que viese cuán
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