buena y cuán limpia era y descansada, y que dejase de adorar á los ídolos * como su hijo le decía *; y que an- 1 Es decir, por cariño,— IR.
sí se lo habían enseñado los Padres de Santa María, que eran los frailes, que en aquella sazón ansí los llamaban. Y como este negocio fuese tan odioso á D. Cristóbal Axotecatl, mandó matar á su mujer. Muerta la madre, su hijo Cristóbal vino al dicho su padre con mayor fervor y osadía á amonestarle, diciéndole que dejase su idolatría y de servir á los ídolos, porque si no lo ha- cía y se enmendaba por bien, que él propio le quitaría los ído- los y descubriría; pero que como hijo le rogaba se quitase dello, porque vivía corrido y afrentado entre los frailes siervos de Dios que le habían doctrinado ; y que mirase era Señor y principal en la República de Tlaxcalla, y no diese mala cuenta de su persona, ni lugar á que le perdiese la obediencia y respeto que le tenía de padre, porque en este caso no le podía guardar ningún decoro é que le quemaría los ídolos. De las cuales pa- labras el D. Crislóbal Axotecatl recibió grande enojo y terrible coraje contra Cristobalito su hijo, y un día, estando muy quie- to y seguro Cristobalito en servicio de los religiosos, su padre le envió á llamar, y estando en su presencia le dijo estas palabras:
¿Cómo, hijo mío, engéndrete yo para que me persiguieses y fue- ses contra mi voluntad? ¿Qué te va á tí que yo viva en la ley que quisiere y bien me estuviere? ¿Es este el pago que me das de la crianza que te he hecho? Diciendo estas palabras arreme- tió á él y le dió de porrazos con una porra que traía de palo, con que le hizo pedazos la cabeza, y le mató. Después de muerto le mandó echar en una foguera que tenía hecha en su propia casa y aposento, y como no se pudiese quemar el cuerpo de Cristobalito, le mandó sacar de la foguera y le hizo enterrar en una foguera suya, que era aposento bajo de terrapleno. Hecho esto y enterrado al dicho su hijo lo más secretamente que pudo, al cabo de muy