Tampoco es imposible que el Káiser Guillermo II abrigue la visión de semejante poder mundial.
Los filósofos políticos de muchas épocas, Vico, Maquiavelo, Dante, Kant, han especulado sobre un imperio como la única garantía viable para la paz, una jerarquía de Estados que se conforme a mayor escala con el orden feudal dentro de un único Estado.
Así, el imperio se identificaba con el internacionalismo, aunque no siempre se basaba en una concepción de la igualdad de las naciones. La disolución del Imperio centroeuropeo, junto con el debilitamiento de las nacionalidades que le siguió, evocó un nuevo sentimiento moderno de internacionalismo que, a lo largo del siglo XVIII, fue una inspiración vacilante en los círculos intelectuales de los Estados europeos.
“The eve of the French Revolution found every wise man in Europe – Lessing, Kant, Goethe, Rousseau, Lavater, Condorcet, Priestley, Gibbon, Franklin – more of a citizen of the world than of any particular country.
Goethe confessed that he did not know what patriotism was, and was glad to be without it.
Cultured men of all countries were at home in polite society everywhere.
Kant was immensely more interested in the events of Paris than in the life of Prussia.
Italy and Germany were geographical expressions; those countries were filled with small States in which there was no political life, but in which there was much interest in the general progress of culture.
La Revolución misma era en el fondo también humana y cosmopolita. Es, como dijo Lamartine, «una fecha en la mente humana», y es debido a ese hecho que todas las críticas mezquinas de críticos como Taine no pueden impedirnos ver que el carácter de los hombres que dirigieron los