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nydus/OrthodoxyPublic
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Introducción en defensa de todo lo demás

Sí esforcé la voz con una exageración dolorosamente infantil al proponer mis verdades. Y fui castigado de la manera más adecuada y divertida, pues he conservado mis verdades: pero he descubierto, no que no fueran verdades, sino simplemente que no eran mías.

Cuando imaginé que estaba solo, me encontraba en realidad en la ridícula posición de estar respaldado por toda la Cristiandad.

Puede que, Dios me perdone, sí intentara ser original; pero solo conseguí inventar yo solito una copia inferior de las tradiciones existentes de la religión civilizada.

El hombre del yate creía que era el primero en descubrir Inglaterra; yo creía que era el primero en descubrir Europa. Traté de fundar mi propia herejía; y cuando hube dado los últimos retoques, descubrí que era la ortodoxia.

Puede que alguien se entretenga con el relato de este feliz fiasco. Podría divertir a un amigo o a un enemigo leer cómo fui aprendiendo gradualmente, a partir de la verdad de alguna leyenda suelta o de la falsedad de alguna filosofía dominante, cosas que podría haber aprendido en mi catecismo —si es que alguna vez lo hubiera aprendido—.

Puede que haya o no cierto entretenimiento en leer cómo encontré al fin en un club anarquista o en un templo babilónico lo que podría haber hallado en la iglesia parroquial más cercana.

Si alguien se divierte al enterarse de cómo las flores del campo o las frases en un autobús, los accidentes de la política o los dolores de la juventud se unieron en un cierto orden para producir una cierta convicción de la ortodoxia cristiana, es posible que lea este libro.

Pero en todo hay una división razonable del trabajo. Yo he escrito el libro, y nada en el mundo me induciría a leerlo.

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